LA FRONTERA DEL DUERO

El legado mudo de un pasado

La grandeza de un pueblo se mide, entre otras cosas, por la capacidad de valorar las virtudes del pueblo al que derrota y crecer con ellas.

 

Durante casi tres siglos un río marcó la historia de dos pueblos. Controlar el Duero supondría sencillamente la victoria casi definitiva. Las continuas conquistas y reconquistas marcarán la línea a seguir. Lejos de consolidar las plazas tomadas, la frontera adoptará un enfoque dinámico donde los intercambios no solo de “impresiones religiosas” fluctuarán con una gran vida, así supondrá un desarrollo en la cultura, comercio, tradiciones, etc. Esta es la historia de un mundo en el que convergen leyendas, pasiones, heroicidades caballerescas y sobre todo un mundo donde dos pueblos gestaron el embrión de nuestro singular carácter.

 




Desde la hégira de Mahoma en el 622 la expansión musulmana había sido impresionante. Cuando en el 711 llegan a la península, ya dominaban un vasto territorio que se extendía por el Próximo y Medio Oriente y Norte de África. Tres años bastaron para conquistar la península. Una vez consolidados los territorios se lanzan contra el Reino Merovingio establecido en Francia, donde son frenados por Carlos Martel. Tras la batalla de Poitiers 732 las tropas musulmanas se retiran más allá de los pirineos.

A principios del siglo IX las tropas musulmanas se habían replegado allende el río Duero. La Meseta Norte de la península es tierra desolada para muchos, no tan yerma para otros y algunos incluso la definen como desierto estratégico. Sea como fuere lo cierto es que los musulmanes nunca vieron atractivos estos territorios, quizás por no tener un interés económico encontrado o quizás por el clima. El caso es que su asentamiento al norte del Duero fue ínfimo. También parece que una parte de la población allí asentada con la invasión árabe emigró al norte, al refugio de las montañas. Lo que se juzga más aceptable es hablar de zona con baja densidad de población, sin estar totalmente deshabitada.

Cuando Alfonso III (866-910) alcanza el Duero, va a establecer núcleos fortificados: En el 893 repuebla Zamora, en el 899 Simancas, continuando con Dueñas y Toro. En el año 912, reinando García I, se llega al extremo oriental del Duero colonizando San Esteban de Gormaz y Osma.

La repoblación era la base dentro del sistema de fronteras. De nada sirve una conquista militar sin una plataforma de población que de continuidad al asentamiento. La repoblación fue estimulada mediante fueros y cartas pueblas con el fin de atraer a la población a un territorio peligroso e inestable. Se establece un sistema de presura, es decir, las tierras son del rey y dichas tierras de baldío pasan a ser del primero que las roture, entregándose un documento acreditativo de la propiedad por parte del monarca.

En época de Ordoño II (914-924) una serie de enfrentamientos con Abd al-Rahman III terminan con la destrucción de Osma, San Esteban de Gormaz y Clunia por el Emir y la conquista de Nájera en el 923 por parte de Ordoño II. Ramiro II (930-950) es el primero que consigue asentarse de forma estable más allá del Duero, repoblando las riveras del Duratón y el Tormes. Castilla se había convertido en un problema para León. Con la fortificación del Duero también se había reforzado los altos que hay entre los valles del Duero y el Ebro, ruta de penetración árabe para acometer con las razzias. Esta zona recibió el nombre de al-Quila, es decir tierra de castillos o Castilla. Las relaciones entre el condado castellano y la monarquía leonesa se fueron deteriorando hasta conseguir desvincularse totalmente de León y terminar como reino independiente en época de Fernando I (1035-1065).

Los musulmanes mejoraban y reedificaban las fortificaciones fronterizas, de las cuales Medinaceli, convertida en la capital de Marca Media, era la más espectacular. En la etapa de Almanzor desde el 978 en que fue nombrado Hayib, hasta el 1002 que falleció, el Califato de Córdoba se encontraba en su Cenit. La reconquista no solo no avanzó sino que más bien se vivió una etapa de retroceso. Los continuos envites de Almanzor y la inestabilidad de la propia corona leonesa crearon una situación de cierto caos. No se podía asegurar la defensa de castilla que actuaba autónomamente y que se balanceaba entre los reinos de León y Navarra, para terminar definitivamente en el año 1029 en la órbita de esta última.

Fernando I da un nuevo impulso a la reconquista. La fractura del Califato en varios reinos Taifas supuso un debilitamiento del mundo árabe. Desde 1055 se lleva a cabo una política de conquista, tomando definitivamente San Esteban de Gormaz además de otras fortalezas al sur del Duero. Llevó la frontera en la zona portuguesa a la rivera del Mondego y se garantizó el vasallaje de varios reinos taifas, con el pago de fuertes sumas en concepto de parias.

Con Alfonso VI (1065-1109) se toma Toledo el 6 de Mayo de 1085. Quedan afianzados los territorios entre el Duero y el Tajo, desplazándose la frontera a la ribera de este último rio. Tan solo la parte más oriental del río Duero se mantiene en manos musulmanas con Medinaceli como bastión, que caerá en manos de Alfonso I de Aragón en 1123.

La convivencia de las dos culturas que quedará patente en la historia, el arte, tradiciones y costumbres de una España, que se enfrentaba por ser una España.


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